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martes, 14 de enero de 2014

Nápoles y Pompeya

Castillo Estense
Calle principal de Pompeya  




Plaza Principal



 
En la mañana del 24 de agosto del 79, una columna de humo comenzó a ascender del volcán Vesubio. La población pensó que se trataba de un escape más de humo, pues ya había pasado en años anteriores. Pero esta vez la erupción se manifestó en dos poblaciones distintas: Herculano y Pompeya. 
 
 
En Herculano, una especie de fango, mezcla de cenizas, lava y lluvia, inundó las calzadas y callejuelas de la ciudad, cubrió los tejados y penetró por ventanas y rendijas. La gente salió horrorizada de sus casas y muy pocos pudieron huir.
 
 
En Pompeya se inició como una finísima lluvia de cenizas que nadie sentía. Luego cayeron los lapilli, pequeñas piedras volcánicas que se parecen a las normales y por último, piedras pómez de varios kilogramos de peso.
 
 
 
Pompeya quedó envuelta en vapores de azufre que penetraron por las rendijas y hendiduras de las casas y villas y se filtraron en las togas que la población se ponía en nariz y boca para protegerse.
 
 
Los pompeyanos comenzaron a pasar angustiosos minutos, replegados en los rincones que podían encontrar.
 
 
Cuando trataron de huir, muchos murieron lapidados por las piedras pómez. Otros murieron asfixiados por las cenizas como vemos en estas imágenes.
 
 
Aterrorizada, la población retrocedía y se encerraba en sus casas. Pero era demasiado tarde. En algunos casos, los techos se derrumbaban, dejando sepultados a los inquilinos.
 
 
 
 
El 26 de agosto, el sol volvió a salir. Del Vesubio sólo salía una débil columna de humo y este volcán se encontraba rodeado por un enorme pedrisco, del que apenas salía alguna columna o algún tejado. En una distancia de 18 kilómetros, el paisaje quedó asolado: los jardines no eran más que un terregal, los campos estaban llenos de ramas ennegrecidas. Las partículas de cenizas se extendieron por África, Siria y Egipto.
 
 

El Fauno.
Fuente Romana
Molino de Trigo
 Pizzería primitivas.
Prostíbulo.

Camas de piedra del prostíbulo.
 
Señal del Prostíbulo.
 
Cuando llegaban forasteros nobles a la ciudad y querían yacer con mujeres sólo tenían que seguir las señales y así evitaban preguntar y no ponían su buen nombre en entredicho. 
 
Anfiteatro Romano


Castillo Estense

El Castel dell’Ovo (Castillo del Huevo).
 
Parte del bellísimo panorama del Golfo, este castillo debe su nombre a la leyenda que cuenta que Virgilio habría escondido en el interior del castillo un huevo que soportaría la estructura del edificio, y que de romperse provocaría el hundimiento de la fortaleza causando a la ciudad grandes catástrofes.
Situado en el islote de Megaride, es una lujosa villa fortificada, reconstruida y reestructurada, que permite la entrada al público para apreciar la majestuosidad de la fortaleza, la terraza con cañones y la muy característica villa marina al pie del castillo.
 



 







6 comentarios:

  1. es como si hubieseis viajado en el tiempo , ¿ son reales esos cuerpos ? , un beso.

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    1. La respuesta a tu pregunta es SI son reales. Fuerón personas que vivierón en Pompeya y fallecierón a causa del volcán. Aunque la lava no cogió Pompeya si lo hicierón sus cenizas y estos habitantes perecierón axficiados y cubiertos por las cenizas. Como curiosidad decirte que aún quedan restos de cenizas de la erupción y cuando estuvimos allí se levantó viento y era difícil de respirar. Besos y gracias por pasarte por aquí...

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  2. Hola JyB , me encantan las fotos y me ha gustado ver Napoles y Pompella en ellas , me resulta precioso y me ha gustado ver las curiosidades de la señal del prostibulo muy discretos no eran eh !! la cama y bueno esos cuerpos axfisiados increibles .Buen recorrido .
    Besoos !!!

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    1. Cuando los señores de alta cuna querían yacer con prostitutas y no deseaban poner su nombre en entredicho sólo tenían que seguir las señales qué indicaban dónde estaba el prostíbulo. De modo que aunque no parezca discreto sí que lo era, ya que estos nobles no necesitaban preguntar por este lugar. Las prostitutas estaban muy bien consideradas en aquella época. Hasta otro día y me alegra que te haya gustado... J.B

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  3. ¡Pompeya!... ¡qué maravilla!... ¡ qué recuerdos!...¿y lo rico que está el limonchelo de chocolate?. Besos...

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  4. Un licor delicioso y típico de allí. Besos.

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